martes 13 de julio de 2010

Una joven vida



Está sentado en una mesita del fondo. No hay mucha luz pero en ese sector puede acompañar el vino con un cigarrillo de tabaco armado. Piensa en ella.
Está esperando que le traigan su rutina. Siempre era Andrés, gustoso en atender
el pedido, y hasta alguna charla otras veces. Pero no lo ve. Pasa un rato y no llega nadie a la mesa con la jarrita y la copa.
Por detrás del encargado aparece una joven. Lleva el pelo hasta los hombros y tiene puesto un delantal verde. Se acerca rápido, luego gira en su sitio y junta los vasos de otra mesa. Andrés no trabaja más en el bar, pero ese delantal verde deja una ventana desplegada.
Saca el diario de su bolso y se dispone a leer, recuerda a los tulipanes y a ella, que también tenía el pelo por los hombros como esta camarera que ilumina el bar.
La intriga surge lenta, se transforma en una curiosidad dulce, y levanta su vista por el horizonte del diario. Además del pelo a la altura de sus hombros, tiene una cicatriz en la mejilla y unos labios grandes. Casi flota entre las sillas para alcanzarle a un cliente la cuenta, un whisky o parte de su sonrisa almendrada .
Siente la humedad. La joven le trae su vino. Lo sirve inclinándose lo suficiente como para dejar libre las sombras de su escote. No le sale bien disimular y entra de lleno entre sus pechos, se desliza enérgico sobre su piel, lame el óvalo de su ombligo, sopla tibiamente sobre la cercanía anterior a sus piernas, cierra los ojos antes de tomar el primer trago de vino.
La joven terminó de servir y se aleja de la mesa, él agradece. Una agitación inusual lo apresura. Nota lo que hacía mucho no sucedía, la sangre y su ebullición romántica. Se sonroja, de alegría y quizá de pudor.
Fue llegando despacio hasta la barra, pagó y dejó atrás la copa vacía, las mesas, las brazas secas. Salió, no sin antes darle la última mirada a la joven que asentía con ese afecto tan verdadero como lejano.
Pensaba en ella y en los tulipanes.
Anochecía y era jueves. Cumplía setenta y dos años.

4 partículas:

Henry dijo...

Y pensar que muchos desde afuera pensarían groseramente del pobre señor.

Decí que están tus letras para rescatar poesía.

tebeso

Anónimo dijo...

Siempre va a pensar en ella

Sol dijo...

Que lindalla curiosidad dulce ne, la curiosidad sin edad y las certezas piel con piel ni te cuento...
Te amo nena!

Máximo Ballester dijo...

Qué regalo de cumple se hizo ese buen señor. Me encantó. El clima que lograste. Todo.

Cinco (ah noo, no es acá me equivoqueeé...)
Un abrazo.