lunes 1 de marzo de 2010

Catorce



El dedo se apartó del timbre. Resonó en la galería del fondo un sonido muy estridente anunciando la llegada de la visita. Rago permanecía muy quieto y a la espera, abrigado con su carpeta debajo del brazo y dos lapiceras azules en el bolsillo de la camisa. Antes de que le abrieran la puerta, alcanzó a vislumbrar entre el marco de la ventana, un movimiento verde en el interior de la sala.
- ¿Si?
- Hola sí, busco a la señora Brame, por lo del seguro...
- ¿Por lo de qué?
- Lo del seguro señora, ¿es usted la señora Brame?, hablamos por teléfono el martes y habíamos quedado para hoy...

Rago oyó destrabarse tres veces la puerta que finalmente se abrió despacio. Una señora mayor, de unos setenta y cinco años o más, lo hacía pasar agradablemente mientras se acomodaba un batón celeste y desteñido.
Notó que la casa era una construcción vieja, tal vez de las primeras arquitecturas de la zona; esta era su segunda entrevista en la primera semana de empleo y estaba aprendiendo a evaluar las propiedades. Su interior conservaba la humedad rancia de años y lluvia. Daba la impresión de respirar en un ambiente turbado entre lanas y algo de mugre sobre los almohadones. La señora Brame se sentó con bastante dificultad en un extremo del sillón. Rago tardó un rato en tomar asiento, observaba con curiosidad las plantas que colgaban en el techo y se adueñaban de las paredes.
- Querido, ¿querés que te sirva un té?
- No, gracias señora, quizá en un rato...
- En un rato no será posible entrar para buscar un té, porque ya es la hora en que las suelto.
- Eh... ¿qué suelta a quiénes?
- A las ranas.
- ¿Ranas?
- Sí, tengo catorce.

Y la señora Brame señaló hacia un rincón de la sala que se encontraba detrás de Rago.
Una pecera alargada se hallaba dispuesta junto al ventanal. Detrás del moho, flotaban camalotes, piedritas, ruleros y catorce ranas. Rago intentó no evidenciar la inmunda sorpresa ante el peculiar paisaje que escoltaba su espalda. Abrió apurado su carpeta y sacó los formularios para comenzar su trabajo. Aunque ya se lo había comentado, volvió a detallarle a la señora Brame, todos los servicios del seguro que brindaba el paquete próximo a vender.
- ...entonces sería un veinticinco por ciento menos...
- Ajá – la señora Brame lo miraba con las manos cruzadas en la falda.
Rago observó que tenía el esmalte de uñas descascarado - .... la cobertura adicional no incluida... -.
- La de las ranas – dijo totalmente convencida.
- ¿Qué sucede señora con las ranas?
- Que seguramente tendré que abonar aparte la cobertura para las ranas.

Rago perdió la noción de lo que venía explicando. Giró con recelo su cabeza para volver a mirar a las ranas que amontonadas, se pegaban al vidrio de la pecera.
La señora Brame se ajustó el batón y frotó sus manos. Verdaderamente hacía frío allí. Una abertura rota del ventanal dejaba colar una gruesa estela de viento.
- Cuando nos mudamos con Luis, esto estaba lleno de moscas – empezó a rememorar la señora Brame– desde la primera mañana que revoloteaban sobre los muebles supe lo que querían, las moscas empezaron de a poco, se posaban cuando nos íbamos a dormir, entraban calladas, se metían por la nariz, por la boca y una vez adentro, mordían... el doctor me mostró las manchas en las radiografías, son carroñeras, así empezaron con Luis.

Rago tomaba nota: peligros edilicios, filtración, tres cerraduras, etc. ; la oía desde lejos y un tanto incómodo. Pensó que tal vez la señora necesitara contarle esto a otra persona.
- Querido yo sé lo que te digo, las moscas les tienen respeto a las ranas, Luis fue quedando flaco y yo sentía que algo le zumbaba adentro, pero en ese momento no lo sabía. Las moscas lo ponían pálido – susurró la señora Brame entornando la mirada -.
- El doctor me dijo que se había expandido, y Luis no dejaba de toser, las moscas tienen las puntas de las patas como si fuesen sopapas y por eso trepaban y nos inspeccionaban despacio desde el cielorrazo, agazapadas mirándonos, muchas noches me quedé en vela vigilando para que no se le sigan metiendo a Luis, y lo único que escuchaba era el zumbido que venía desde adentro que agrandaba a las manchas, y Luis tosía sin parar.

La señora Brame hizo una pausa, sacó un pañuelo del bolsillo, se sonó la nariz con fuerza y siguió con su historia. Mientras, Rago guardaba lentamente sus papeles. La venta estaba perdida.
- ...el pobre de Luis no se quejaba, sólo espantaba las moscas cuando podía y tenía fuerzas para levantar el brazo, entonces con las ranas fue diferente, tres o cuatro en la cama bastaban para que descanse tranquilo, las devoraban vieras cómo, aunque se resbalaban y le saltaban encima a Luis porque les gustaba estar sueltas y cuidarlo, sacarle las manchas y besarle la frente cuando tosía, ellas vieron cuando se desplomó en el sillón, vieron la sangre y las moscas alrededor...

Se quitó los lentes gruesos y refregó sus ojos con la palma entera de la mano. Rago no sabía qué decir, la señora tenía la vista fija al suelo, a ningún lugar en particular, posiblemente serían cerca de las cuatro.

Luego de unos segundos, el silencio inquietaba. La señora Brame fue hasta la pecera y metió la mano en el agua descompuesta, las ranas nadaban perturbadas de un lado a otro. Sacó una grande y pegajosa.
Rago dejó su tarjeta sobre una mesita en la entrada, le dijo que la volvería a llamar en otro momento. La señora Brame asintió sin darle importancia, estaba revolviendo el agua otra vez.

Cuando Rago salió de la casa, creyó ver un mosca entrando por el ventanal. Pensó que la señora Brame finalmente no tendría su casa asegurada. Volvía a la oficina, ya serían cerca de las cinco.

4 partículas:

Henry dijo...

Que pena que el muchacho elija el gris oficina en lugar del color de las ranas. Algunas son verde magia.

María Sol dijo...

Amor, las catorce cuidan a la señora Brame aunque no pudieron salvar a Luis, a veces son demasiadas las moscas, nosotras...somos nuestras propias ranas?
te amo nena, excelentisimo!

Nelais dijo...

Croac

Secta dijo...

lo obvio seria comentar con un: tse-tse... pero ni da, hermoso lo tuyo...

Saludos...